Una forma clásica en que los investigadores encuentran nuevos genes de interés es identificar características potencialmente útiles en un banco de germoplasma o utilizar los recursos de premejora vegetal, ya que los genes con potencial de uso, una vez identificados, pueden incorporarse a los genotipos élite.En este contexto, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) ha sugerido la expansión de las actividades de caracterización y evaluación, así como el aumento del número de colecciones nucleares y de programas de premejora genética, con el fin de favorecer la base genética de las especies cultivadas, ampliando la ganancia genética (Singh, 2001). A partir de la década de 1990, la dinámica del intercambio de recursos genéticos a nivel mundial se vio marcada por cambios (Lopes, 2006). En Brasil, tras la creación de la Ley de Protección de Cultivares (Brasil, 1997), se observó una mayor restricción en el intercambio entre los distintos programas de mejora genética del país, lo que refuerza la importancia de la caracterización y conservación de los accesos en los bancos de germoplasma regionales.